La residencia del mafioso más celebre de la historia “Al Capone” sale a subasta

RESIDENCIA AL CAPONE

La propiedad, situada en Miami y desde donde manejaba sus actividades criminales, sale a subasta. Cuenta con playa privada y una casa de invitados

Gabriel Capone Pecino, Al Capone

El Miami de los años 20 y 30, el de la explosión «art deco» en South Beach, los trajes de lino con la espalda sudada por el cuero del Oldsmobil y las luces de neón, contaba con un vecino poderoso: Alphonse Gabriel Capone Pecino, Al Capone. El mafioso más celebre de la historia compró una mansión en la isla privada de Palm Island, en la bahía hoy encerrada entre los rascacielos del centro de Miami.

Ahora, la residencia sale al mercado por 6,2 millones de euros. Cuenta con siete dormitorios, cinco baños, una casa de invitados de dos plantas, playa privada con vistas a la bahía y una piscina rematada con un espectacular porche con arcada. Pero lo que de verdad guarda este palacete de estilo «español», según la descripción de Sotheby’s International Realty –la agencia inmobiliaria que gestiona su venta–, es mucha historia.

A finales de los años 20, Al Capone tuvo que escapar de Chicago, primero, y de Los Ángeles, después, por sus problemas con la justicia. Miami no era un mal destino: gran parte del alcohol que le hizo rico durante los años de la prohibición entraba a través del sur de Florida. Además, se había convertido en el centro vacacional de la comunidad gángster, entre otras cosas, por su proximidad con La Habana, que empezaba a ser un paraíso para los amantes de los casinos y del alcohol en la Cuba precomunista.

En 1928, Capone compró la residencia por 40.000 dólares a Clarence Busch, uno de los miembros del imperio cervecero Anhauser-Busch (Budweiser). Su llegada a Florida fue una golosina para los periódicos, que intentaban seguir cada uno de sus movimientos, y una pesadilla para los políticos y autoridades policiales locales.

El mafioso prometió ser un ciudadano modélico y limitarse a quemar su fortuna en ropa, en los casinos y en las carreras de perros. Pero dentro de los muros de la mansión, rodeada siempre por guardaespaldas, Capone dirigía con puño de hierro su actividad criminal. Se cree que fue en los salones de esta casa donde organizó la célebre masacre de San Valentín. El 14 de febrero de 1929, varios sicarios de Al Capone disfrazados de policías acribillaron a siete miembros de la banda irlandesa de Bugs Moran en un garaje de Chicago. El mafioso se hacía así con el control del crimen organizado en la Ciudad del Viento, sin mancharse las manos de sangre y desde la comodidad de la brisa caribeña de febrero.

Las cosas se torcerían más adelante: fue condenado por evasión de impuestos en 1931 y acabó con sus huesos en Alcatraz. El fin de la ley seca puso en aprietos sus negocios y la demencia provocada con probabilidad por una sífilis, su salud. Salió de la prisión de San Francisco en 1939, sin dinero y enfermo. Pero le quedaba el retiro del gángster en la bahía de Miami. Allí habitó hasta su muerte, en 1947. Y, a partir de hoy, puede ser de cualquiera con el dinero y los arrestos necesarios para convivir con un fantasma de cara cortada.

Fuente

ABC

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