En casa de herrero, cuchillo de palo

casa de herrero

Miami, 8 de octubre de 2013. Hay veces en las que las cosas no son como se esperan o como deberían ser. Lo lógico y normal es que el herrero tuviese todos sus cubiertos de metal, pero como veremos, no siempre es así.

Todos tenemos habilidades y cualidades adquiridas tanto por experiencia profesional como por experiencia personal. Somos expertos en ellas (sabemos cocinar, escuchar, aconsejar,…) y en ocasiones pecamos de sólo ponerlas en práctica con y para los demás.
Es genial el altruismo,  la cooperación, la comprensión, la escucha, la empatía,…  que se pretende develar en las redes sociales pero ¿qué hay de uno mismo?. Para entender al otro, para estar bien a la hora de ayudar a los demás y para poder darles lo que necesitan, antes es necesario que uno haga introspección y se consulte a sí mismo acerca de sus propias necesidades.
Partiendo de la base de que somos emocionales y de que nuestra inteligencia emocional está en los cimientos de nuestros actos, deberíamos empezar por nosotros mismos a aplicarnos lo que después queremos ofrecer a los demás. Automotivarnos, autoconocernos, autogestionarnos, autocontrolarnos,… siempre el “auto” debería ir primero.
Todo profesional y, de hecho, toda persona necesita mimarse y mirar por sí mismo y, aunque esto parece  obvio , en muchas ocasiones (más de las que pensamos) nos olvidamos de hacerlo.
El video que verás al comienzo de este artículo es un claro ejemplo del psicólogo clínico que ayuda, como buen profesional, a sus pacientes a resolver sus problemas, pero que se olvida de cuidarse a sí mismo (y, por supuesto, a su entorno más cercano) hasta el punto de que su estado físico y mental le advierten de que se encuentra en la cuerda floja.
Este es sólo un ejemplo animado de millones reales, porque ¿quién de nosotros desafortunadamente no conoce a personas que por estrés laboral o personal han acabado teniendo problemas?

Para que tú no seas uno de ellos y no te encuentres en esa cuerda floja, recuerda que es necesario:

–         No olvidarte de pensar un poco más en ti, ¿quién si no lo va a hacer?

–         Darte los caprichos que creas necesarios. Prémiate si lo mereces.

–        Trabajar tu desarrollo personal y profesional independientemente de que otros te ayuden o no a hacerlo.

–      Desconectar de tu rutina y aprovechar esos momentos de soledad para conocerte mejor. No tengas miedo a estar solo/a porque te encuentras, seguro, en buena compañía.

–         Disfrutar de aquello que sabes hacer y que haces genial para otros, pero que nunca haces para ti.

–         Acudir al profesional “colega” de tu sector que también puede ofrecerte lo que tú ofreces a tus clientes.

Sólo así estarás preservando tu integridad física y mental y estarás preparado/a para ayudar a los demás también a hacerlo.

¡Concédete el digno derecho de tener un cuchillo de hierro y no de madera!

 

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