La infidelidad es un buen negocio y el primer mercado europeo

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Miami, 9 de septiembre de 2013. La infidelidad es un buen negocio. El visionario Noel Biderman afirma que “Ashley Madison ha sido un fenómeno global desde hace varios años”. Todo esto queda probado con los 20 millones de usuarios que ha logrado desde su lanzamiento en 2002 y con su facturación superior a los 90 millones de dólares (68 millones de euros) en 2012.

España es desde 2011 uno de los 29 países en los que está presente la web de aventuras extramatrimoniales. Dos años después las cifras demuestran el potencial español en lo que a ser infiel se refiere: primer mercado europeo y quinto del mundo, solo por detrás de EE UU, Canadá, Australia y Brasil, con una facturación de 3,5 millones de dólares (2,6 millones de euros) en 2012, un 37% más que cuando debutó.

La crisis, una oportunidad

No deja de sorprender el crecimiento de la empresa en el entorno económico en el que aterrizó, pero es que para Ashley Madison la crisis no ha sido un problema, sino más bien una oportunidad.

Nace la necesidad de una aventura

El razonamiento de Kreumer es el siguiente: “Con los problemas económicos surgen más problemas en las parejas, pero la gente no se separa”. Aquí es donde entra en juego Ashley Madison, cuando nace la necesidad de una aventura.

Su aterrizaje español ha resultado más que satisfactorio, pero al igual que en la mayoría de los países occidentales, el recibimiento fue hostil. Promover el adulterio y las campañas publicitarias agresivas, con la monarquía de por medio, levantaron la ira de ciertos sectores sociales… Nada fue bien recibido.

Todo lo contrario sucedió cuando Ashley Madison llegó a Japón: “Por primera vez nos recibieron con los brazos abiertos”, dice Kreumer. Para el portavoz en Europa, la clave de esta buena acogida estriba en razones culturales: “No hubo crítica porque no existe un concepto peyorativo de la infidelidad, el único problema es que te descubran”. “Se han superado todas nuestras expectativas”, agrega.

Biderman también apunta a los prejuicios morales: “En los países en los que predomina el budismo, la ausencia del concepto de culpa judeocristiano hace que la cultura sea más abierta y comprensiva con marcas como Ashley Madison”. Su empresa “ayuda a la gente a alcanzar un equilibrio entre sus deberes y sus obligaciones hacia sus familias y su persecución personal de la felicidad”, sentencia.

Diseñado para mujeres

Las diferencias culturales entre Japón y Occidente también quedan patentes en el perfil de los usuarios. El país del sol naciente es el primero donde las mujeres registradas son mayoría, “dos mujeres por cada hombre”, puntualiza Kreumer. Esto debería ser malo para el negocio, pero no. “Los hombres gastan más créditos”, asegura el portavoz.

Con todas las opciones gratuitas que ofrece internet, Christoph Kreumer lo tiene claro: “Para hombres siempre han existido lugares en los que tener una infidelidad […]. “Ashley Madison está diseñado para que las mujeres se sientan cómodas y seguras”.

La web está destinada a llenar ese vacío, un lugar para que las mujeres sean infieles. Pero los que hacen el negocio rentable, los que pagan, son los hombres. Y según Noel Biderman, esta situación no tiene visos de cambiar “hasta que la igualdad de género exista realmente”. Las mujeres entran gratis, “es como en las discotecas” apunta Kreumer. ¿Y si ya no se quiere una aventura? Hay dos formas de desaparecer de la comunidad. La primera es gratis, da de baja al usuario pero no borra los mensajes que ha enviado. La segunda, por 19 euros elimina el rastro del usuario en la página.

Por : CincoDías

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